Cómo funciona una cerradura biométrica, qué ventajas tiene frente a llaves y códigos, cómo se cuidan tus datos de huella y qué mirar antes de instalar una en tu casa o comercio.
Texto completo del episodio
Hola, ¿qué tal? Esto es AMC al día, el podcast de AMC Ingeniería de Sistemas.
Hoy te quiero hablar de las cerraduras con huella. Una pregunta que me hacen seguido: ¿y si alguien me copia la huella? Vamos a ver cómo es la cosa.
Primero, cómo funciona. Apoyás el dedo en el sensor, y la cerradura no te saca una foto. Lo que hace es leer las crestas y los valles de la piel, y convertirlos en un patrón de puntos. Ese patrón se guarda cifrado, dentro de un chip del propio equipo. Después, cada vez que apoyás el dedo, compara y decide si abre. Todo en menos de un segundo.
Hay sensores ópticos, que toman una imagen de la huella, y sensores capacitivos, que miden la diferencia eléctrica de la piel. Los capacitivos suelen ser más precisos y más difíciles de engañar con una copia impresa, porque sienten que el dedo es real.
Ahora, la ventaja principal. La huella viaja siempre con vos. No se presta, no se copia en una ferretería y no se te olvida arriba de la mesa. Con las llaves nunca sabés cuántas copias hay dando vueltas: un inquilino anterior, alguien del servicio, una llave perdida. Con huella, das de alta y de baja a cada persona en segundos, sin cambiar la cerradura. Y los códigos tampoco son perfectos: se comparten, se espían por encima del hombro. Además, llegás con las bolsas del súper o con un niño en brazos, y abrís con un dedo.
Volvamos a la duda de los datos. Tu huella no se guarda como una foto ni se sube a internet. Es un patrón matemático que no permite reconstruir el dibujo del dedo. Lo ideal es que ese dato viva en la cerradura o en tu teléfono, no en un servidor remoto. Y fijate que el equipo tenga detector de vida, que verifica que el dedo esté vivo. Eso separa un equipo serio de uno barato de origen dudoso.
En Uruguay, además, la huella es un dato personal protegido por la ley dieciocho mil trescientos treinta y uno. Se necesita el consentimiento de cada persona registrada. En una casa el uso es acotado. En un comercio conviene dejar documentado quién accede y para qué.
Otra cosa: no toda cerradura entra en toda puerta. Importa el espesor de la hoja, la cerradura actual y el sentido de apertura. Las puertas blindadas, las correderas y las de aluminio piden revisar el caso puntual. Por eso conviene medir antes de comprar.
Y lo más importante: una cerradura biométrica es tan segura como su instalación. Tiene que quedar bien alineada, bien fija, y con respaldo. Pilas que avisen cuando se gastan, una llave física o un código, y en muchos modelos una entrada para darle energía desde afuera. También se registran varios dedos por persona, para que un corte o un dedo mojado no te deje afuera.
Entonces, quedate con esto: la huella es una llave que no se copia ni se pierde, tus datos quedan cifrados en el equipo, y todo depende de elegir bien el modelo y de una buena instalación con respaldo. Si querés dar el paso, lo mejor es una visita técnica, con la puerta a la vista, para no comprar a ciegas.
Esto fue AMC al día. Si te quedó alguna duda, escribinos por WhatsApp al noventa y ocho, seiscientos cuarenta y uno, mil, o entrá a amc punto com punto uy. Te habló Aníbal, de AMC Ingeniería de Sistemas. ¡Hasta la próxima!